Una y mil noches.
Es extraño verte y notar que no me miras de la misma manera; aún recuerdo cuando siendo amigos se nos escapaba una sonrisa cada vez que nos mirabámos. Son más de dos años conociéndote, pero lo más soprendente es que hemos hablado una y mil noches desde el fantástico momento cuando nos estrechamos las manos por primera vez. Y así, en cada anochecer, me acostaba pensando en razones de cómo te comencé a querer de una manera especial. Y sin darme cuenta, ningunas fueron suficientes como para seguir teniéndote como amiga.
Entre las una y mil noches, simplemente me enamoré de ti; te idealizé tanto que supe ver esos motivos que me hicieron amarte en secreto. Nunca fueras creido si te confesaba las catástrofes emocionales que me causabas mientras te conocía, tampoco las húbieses entendido, al menos hasta que el sol se pudiera ocultar porque solo la luna era capaz de hacernos comprender lo mucho que te necesitaba.
Han pasado una y mil noches, pero te cuesta recordar nuestras promesas. Algún día estaremos sentados frente a las estrellas riéndonos sobre las veces que nos peleamos o de los errores que cometimos. Estoy luchando para que me recuerdes como el único hombre que te ha desnudado el alma con solo una palabra. Y si en un futuro me piensas olvidar, viajaré al pasado para tatuarte la sensación que mis besos te causaban, porque solo así podrás saborearme cada vez que extrañes el rozar de mis labios.
Una y mil noches; uno de tantos besos, una de mil promesas.
Un te extraño y miles de poemas; una y mil razones para amarte. Un beso, una flor, y miles de cartas para ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario