Lo que quisieras.
Hiciste lo que muchas quisieran, y no fue ninguna brujería lo que practicaste; convertiste a un hombre en tu prisionero, encargado de explorar tu piel cada vez que se te apetezca. Es tu fuente de cariño, tu vientre de deseos, tal vez todo lo que quisiste en algún momento. Lo escondiste detrás de tus ojos y lo atrapaste en tu alma para que nunca lograra escapar. Lo enamoraste sin necesidad de hechizos, e hiciste que se inclinara ante tus pies con solo decir un te amo. Lo encarcelaste a tu cuerpo; quizás por eso ha encontrado un motivo de felicidad en cada lunar que posees. No hay necesidad de trucos, tampoco necesitas esforzarte, simplemente con rozarlo, o tan sencillo como aumentarle la adrenalina mediante un beso entre su paladar; solo con eso, puedes dirigirle la vida entorno a cualquier dirección.
Eres la dueña de sus encantos, la fuerza abismal de sus pasos, y la testigo de sus palabras. Con una mirada te conviertes en la obra principal de sus pensamientos; y con una caricia, como animal salvaje te alimentaste de su sangre a una fuerte temperatura. Por cada beso en la mejilla le inyectas una sobredosis de ternura, y en cada roce, lo puedes matar sin necesidad de agredirlo.
Lo sumerges en atracción, lo ahogas en fuego, y lo revives en pasión. Cada noche sin ti es una muerte lenta sin piedad alguna; cada palabra que salga de tu boca, entre su oído, es un dilema filosófico sobre la vida. Eres la paz de sus tragedias, o el silencio en medio de mil palabras. Lo callas con pensarte, lo inundas en morbosidad a causa de tu veneno empático que libera su morfina sexual.
Eres su despertar, y su más melancólico anochecer, te pierdes en sus pupilas y caminas en su contorno como reina adueñándose de su pertenencia. Lo inclinas al placer, o lo elevas al cielo en cada movimiento de cintura proveniente de tu sensualidad. Te imagina desnuda cada vez que te mueves; lo arrebatas como droga de campo, en medio de un acto complaciente. Lo haces volar en una nube fuera de la inmensidad. Lo vuelves loco, haces que se comporte como demente. Lo matas, o quizás le des ganas de vivir. Eres tú, el amor de su vida.
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