El beso.
-Jess, tengo una duda.
-Dime, amor.
-Es que... ¿Qué sientes al besarme? -pregunta con inseguridad.
Jess sonríe.
-Pues...
Ella me tenía atrapado en el tiempo, casi envuelto en su piel con el privilegio de poder sentirla. Estaba a solo un paso de conocer la muerte, siendo asesinado por una mirada tan hermosa y penetrante. Bastaba con solo un chasquido para desaparecer de la tierra, porque con su exquisito sabor me hacía caminar encima del universo y me daba el poder de intercambiar cada galaxia por el brillo de sus ojos. Era un instante mágico; un suceso surrealista, una suposición inexistente similar a lo fantasioso; era perfecto, como si formara parte de la imaginación. La contemplaba como si fuera la última imagen que observaría en el mundo; lo disfrutaba, como si mi vida estuviese a segundos de acabarse.
Me encontraba sumergido en la infinidad de un profundo mar pasional, ahogándome sobre su figura sin ninguna alteración en mis pulmones. Su olor me manipulaba; con mis labios, dibujaba las nubes entre sus piernas y en ellas viajábamos hacia la luna. Experimentaba el beneficio de flotar sobre el mismo camino de su circulación, sus venas eran inyectadas con una dosis excitante y satisfactoria creada por mis deseos. Pude traspasar su abdomen gracias a la picardía de mis labios; su leve contacto, provocaba que su inocencia fuese consumida por mi veneno. Era adictivo, caía en su constante provocación sin que me mencionara una palabra.
-¿Ya lo sabes?
Amanda queda sin palabras y lo mira detenidamente a los ojos.
-Descuida, amor -dice Jess-. Aún te lo puedo explicar.
La besa como si el mundo se fuese a acabar.
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